Una pregunta para comenzar…

Todo inició hace varios  años con una pregunta. Una de esas que te dejan pensando y que te animan a buscar su respuesta en muchos lugares, sin que lo que vas encontrando sea suficiente. Los libros han sido uno de mis objetos favoritos, sus formas, sus texturas, sus contenidos, sus imágenes, nos sorprenden y nos llenan de ilusión, nos hacen soñar y vivir.  Un día, mientras exploraba uno de esos maravillosos objetos cerré los ojos y pensé: ¿cómo son los libros para personas con limitaciones visuales, cómo leen, cómo ven ellos esas imágenes que a mi me hacen viajar?

Comencé a buscar en las bibliotecas y librerías. Navegué por las redes virtuales en busca de respuestas, pero así como en los rincones de Bogotá, en la web las respuestas fueron muy escasas. Por el camino encontré aliados de búsqueda, a quienes hoy agradezco haberse apropiado de mi misma pregunta,  y a un maravilloso amigo, Philippe Claudet, quien me enseñó que un conjunto de puntos pueden ser una infinidad de relatos. A Philippe la pregunta le surgió de repente. Por la década del 80, un día a su salón de clase en Dijon, Francia, llegó un estudiante invidente y con él empezó de ceros a buscar recursos para leer y recrear la imaginación plásticamente. Desde entonces, se ha dedicado a la investigación  y producción de libro táctil ilustrado. Lleva ya casi 20 años explorando esta pregunta que compartimos,  que cada vez crece más y las respuestas a ella son más variadas y enriquecedoras.

Tuve la posibilidad de visitar en esta pequeña ciudad francesa la editorial Les Doigts qui rêvent (Los dedos soñadores),  fundada por Phillipe en 1994. Un lugar mágico, especializado en libros accesibles a personas con limitaciones visuales. Recuerdo que estando allí tomé un libro de una estantería, mis sentidos empezaron  a volar y mi corazón se conmovió con imágenes llenas de historias. Me sorprendió la sencillez del universo que pueden contener esos libros llenos de formas y materiales diversos.

Uno de mis favoritos salió de una cajita delicadamente forrada en tela color vino tinto. Era un acordeón de papel entre dos tapas duras forradas en la misma tela de la caja. Dentro de sus páginas, Caperucita es punto de tela roja, suave, inocente y abullonada, no más delicada, eso sí, que la tela aterciopelada del punto azul que representa a su tierna abuela. Un poco más adelante en medio del bosque, aparece el temible personaje, evocado con una tela peluda, brillante, oscura y que al momento de devorar a la abuela es una silueta casi tan grande como mi mano abierta.  Lo cierro y siento ganas de volver a comenzar y esta vez mi mano se vuelve cómplice de Caperucita por ese bosque formado por puntos blancos en alto relieve.

La editorial era una de esas casas que sólo existen en los cuentos, donde el sueño de viajar leyendo un libro, o reír  y llorar con el contenido de sus páginas,  se hace posible a través de las yemas de los dedos de quienes lo leen.  Allí la respuesta a ese gran interrogante comenzó a tener forma, estructura, y hoy es una realidad.

En Colombia, esa casita de cuento donde se creen productos editoriales accesibles está cocinándose en el caldero. La pregunta ya comienza a tener respuestas locales, Fundación Tactus es el primer paso, y todos están invitados a encontrar nuevas y múltiples respuestas a esta pregunta que seguirá creciendo si muchos la tomamos como propia: ¿cómo te imaginas un libro táctil ilustrado?

Viviana Díaz

Directora de Tactus Colombia

Anuncios